Nací un 28 de abril de 1984, en la ciudad de Buenos Aires. El último de cinco hermanos. Al principio las cosas no fueron fáciles, mis primeros meses de vida estuve más tiempo internado que en casa. En un principio, parecía que Guido había venido mal de fábrica, pero gracias a Dios, después de eso pasó un largo tiempo sin volver a un quirófano.
En el jardín de infantes, la dirección era algo común ya que fui el encargado de traer a clase lo último en malas palabras e insultos gracias a mis informantes: mis hermanos mayores.
En el colegio primario, en Olivos, me caracterizaba por ser distraído en clase y era de esos chicos que siempre se prendían en cualquier deporte. Natación, fútbol, rugby, cualquier cosa. Era sumamente competitivo, pero no me iba bien. Cuando estaba en cuarto grado fui a una escuelita de fútbol y le insistía al profe que quería ser como Maradona, él me hablada de la disciplina de Diego cuando era joven, saliendo a correr para ponerse en forma o quedándose pateando al arco después de los entrenamientos. También en natación me gustaba competir, pero en ese momento era muy chico y mis compañeros más grandes me sacaban mucha ventaja.
Terminada la primaria, el secundario me facilitó muchas ventajas deportivas y también culturales. Más allá del fastidio que me causaba tener que viajar todas las mañana hasta el centro desde Martinez, conseguí armar un grupo de grandes amigos que mantengo hasta hoy. Sinceramente, nunca fui un buen alumno, y de hecho estuve presente en unas cuantas mesas de examen de diciembre y en un par de marzo.
Pero fue en el colegio secundario, donde me di cuenta que jugando al fútbol, nunca iba a poder hacer otra cosa que causar gracia, y dónde un día paso algo que me cambiaria mi vida. Como consecuencia de una fractura de brazo (jugando al fútbol) que me tuvo alejado de las canchas por un tiempo, comencé a correr para mantenerme en estado. Fue así como un día la profesora de atletismo del colegio, Claudia Kocalka, organizó un torneo de atletismo en el cual me anoté en dos pruebas que me interesaban mucho: Cross Country y Salto en Largo. Ahí fue cuando capté la atención de la rubia. Después de ganar el cross por una diferencia considerable, se me acercó y me dijo: "No te gusta correr a vos? No querés venir a atletismo?"
Mi respuesta fue un:" yyyyyyy, no seee, es un poco aburrido".
Lamentablemente comenzando el tercer año del secundario el profesor de fútbol tuvo que decirme algo muy duro para mí: "Benedetti, te pongo en el equipo porque me haces reir cuando jugas". Con mi ego herido, me acerqué a la profe de atletismo y le pregunté si había lugar para mí. Había lugar para mí, para mis amigos, para todo el mundo, porque atletismo en el colegio era una actividad que pocos elegían. Al poco tiempo participé de mi primer torneo. Fue un cross country intercolegial en San Isidro, motivadísimo, logré un tercer puesto que aún hoy recuerdo por el dolor de hombros con el que terminé. Ese día supe que comenzaba algo que iba a ser para toda la vida.
En busca de revancha y también buscando prepararme para llegar a la final de los Torneos Juveniles Bonaerenses, Claudia me acercó al Cenard y allí me presentó a mi primer entrenador, Manolo Rivera. Recuerdo ese día porque me él me advirtió en dónde me estaba metiendo. "Este es un vicio, que nunca va a poder dejar".
El viejo tenía razón en eso. Al poco tiempo de entrenar comencé a ganar torneos intercolegiales y metropolitanos. La cosa me gustaba cada vez más. A los ocho meses de entrenar, en abril del 2000 ya había corrido los 1500 metros en 4m 06s, quedando primero en el ranking nacional sub-18, y a los ojos de la gente del deporte como un atleta con una gran proyección a futuro.
Poco tiempo después aparecieron los títulos, sub campeón nacional de cross, sub campeón nacional de 1500, subcampeón nacional de 3000. Todos subcampeonatos obtenidos sobre el final de la carrera, porque en el transcurso iba para campeón.
Creo que soy el atleta con más sub-campeonatos logrados y la verdad que eso, no me llena de orgullo. De hecho me preocupa bastante y aún hoy estoy trabajando para superarlo.
Durante el secundario, correr, significaba un pasatiempo que practicaba después del colegio; pero más tarde hubo que empezar a tomar decisiones en serio. En un principio, y no me arrepiento, decidí dedicarme preferentemente a estudiar, lo que me hizo distanciarme de mi primer entrenador. En consecuencia mi rendimiento a la hora de correr no era el mismo que antes y eso, no me gustaba para nada.
En la misma semana en la que tuve mi primer oferta laboral, recibí un mail que, debo admitir, cambió mi vida rotundamente. Se trataba de una invitación de la gente de Adidas para que me acercara a su empresa y tener una charla con el fin de conocernos. En esa charla me contaron que yo formaba parte de un proyecto junto con FC MAX que consistía en acompañar a un joven atleta, a lo largo de su carrera. No lo podía creer, jamás había pensado que dos instituciones tan importantes podrían tenerme en cuenta.
A partir de ese momento, fui convenciéndome que correr es lo mío y que vale la pena jugármela por algo que me apasiona, más allá de tener que romper con muchos estereotipos de índole social y familiar.
Correr, puede ser una forma de vida y de hecho, es mi forma de vida, no importa como lo hago, lo importante es que se trata de mi pasión y disfruto de ella en cada instante, aun cuando las cosas no salen como quiero.
Es por eso que decidí crear esta página, MI página en la que le propongo a toda la gente que siga paso a paso como es mi vida atlética y disfrute junto a mí cada meta planteada y cada objetivo logrado y también sepa lo que siento cuando las cosas no salen como quiero.
Si ya llegaste hasta acá es porque ya sos parte de esto, ahora seguime......